Alexandra Quintanilla

Fue un agosto precioso

Visualicé el mar desde cien pies arriba del suelo y, viendo las olas chocar de regreso contra sí mismas, reflexioné sobre los pendientes que venía haciendo a un lado.

Sabes que la vida no se ha portado carismática estos últimos meses, así que lo que pude darte era honesto.

Estoy consciente de que quisiéramos que todo fuera diferente.
Pero lo que es, es.

Como ver al sol esconderse, volando de regreso hacia el horizonte.

Ahora, con los pies en la tierra, pienso que no fue buena idea que me pidieras un beso mientras estaba vulnerable. Porque es una jodida forma de querer dejarte en el pasado y que sigas afectándome cuando el pasado fue ayer, mientras yo deseo que hubiera sido diez años atrás, para poder respirar con alivio y decir que ya lo superé.

Sabes que evitar y querer todo ya ha sido mi tropiezo siempre.

Sabes que fue una sucesión de cosas lo que lo hizo diferente.

Eso fue… algo especial.

No el hecho de volver, sino aquello que ocurrió cuando…

Me mantuviste tranquila bajo esas lunas llenas.
Y no te olvides de los eclipses de agosto.

Fue un agosto precioso: verte subir furioso bajo la lluvia; escucharte quejarte de los pantalones rotos y ver cómo tu sonrisa hacía que todo pareciera gracioso.

Tu fascinación con el cielo.
Y visualizar tu pupila reflejada en él.

Me tranquilizaste.

No cambies esa manera de ser, ni esas cosas tiernas que sueles hacer.
Son pequeñas, pero hacen que el día tenga propósito.

Cariño, me restauraste.

Pienso en cuánto puedes valer.

No te encontré precio; te encontré valor, que es diferente.

Una noche contigo se sentía como volver a ver aquel mar, envuelto en una promesa.

Como si Dios te hablara en la cara y voltearte a ver.

Tan comprometido en hacer competencia con las aves y el mañana.

Ahora lo que tengo es tu nostalgia, envuelta en la tristeza de mi alma.

Me pusiste a reflexionar sobre las cosas que venía haciendo antes y comprendí que muchas eran un sinsentido.

Pero puedo recordarte de una forma amena.

Y quizá eso también sea una manera de quedarme.

Lo difícil que resulta cuando el camino es diferente.

Yo soy de selvas, persiguiendo las guerras con causa.

Tú, más de indagar sobre el mar como una autopista y un animalito pequeño con alas que te guía como buen copiloto.

Los columpios y los niños.

Creo que es algo exótico.

Pero estoy agotada.

Tengo que recostarme un poco para tomar aliento.

La soledad es buena compañía últimamente.

He pensado en seguir adelante y en la pérdida.

En todo lo que dijiste que debía hacer, en todo lo que debía visualizar, aunque tu hombro nunca me fue indiferente.

Y vuelvo a pensar en lo difícil que resulta cuando el camino es diferente.