Me miraba escribir, justo cuando llegaba al trazo de una u otra \"B\". La línea vertical la hacía exquisita de ver, pero llegando al bucle, iba como un cubito de azúcar: tranquilo al descender, pero antes de llegar a su destino, al ansiado néctar, se desenfrena, se autosabotea y se va esparciendo.
No sabía cómo disimular semejante falta, por lo que borneaba la cabeza, dejando mi pulso a su enclenque disposición. Se daba cuenta. Se compadecía de mi hilarante incomodidad y se arrullaba en mi brazo. No tengo la menor idea de si, al ver mi flaqueza con un simple bucle, se imaginaría que lo mismo haría con ella.
De ejemplo pongo un columpio: si ella, dichosa de balancearse en una ensalada de colores, y yo cumpliéndole como impulsador y sujetador, todo marcha bien. Hasta ahí bien. Pero, ¿y si en un arranque la suelto, o la impulso abruptamente? ¿Y si sale mi verdadera forma de ser? ¿Y si entra en mi calabozo? No me lo perdonaría...
Tomando un hondo suspiro y mirando los vastos alhelíes en sus orejas, puedo retomar el curso de la noción. Sin saber en qué momento despierte yo, o despierte ella.