Sonríe la muchacha
al gato azul que camina sigiloso
dejando con su sombra la huella.
Tras la ventana luce la farola
y ella mira solitaria
satisfecha recluida.
Solo la luna regala el silencio,
solo el gato deambula ajeno a las miradas,
solo una sonrisa basta para describir
el paso, la mirada, el gesto.
En un callejón alguien recita el poema;
ella, gozosa,
vuelve a ordenar los libros.