Quién diría que en esta mesa,
a las cinco menos diez de la tarde,
mientras me sostengo la quijada
y miro la plaza llena de gente aburrida,
en silencio te recuerdo a la misma distancia de mi taza,
pero hoy, es solo un abismo oscuro,
con la única salvedad de que allá,
allá en el fondo donde uno llega y no se imagina,
lucen mejor unas cuantas luciérnagas
que todas las miserables estrellas.