Odio que los gatos sean físicamente parecidos.
Hoy vi a mi gatita en los ojos de una indiferente callejera. Por un momento pensé en Boni, pero su personalidad me tiró un balde de agua fría: arañaba el césped y se restregaba contra él, indiferente a todo.
Boni no era así. Ella era tierna, cariñosa. Se habría tirado sobre mi acolchonado pecho, habría hundido el rostro entre mi barba para recostarse y dejar escapar ese ronroneo tan típico de ella.
Físicamente era ella: negra, con manchas naranjas, los ojos grandes.
Pero no eran esos ojos con los que me miraba por las mañanas.
No eran los mismos.