Esa niña que un día fue.
Esa niña creía que mientras hubiera amor, la vida sería mejor, más bella, pero a medida que crecía, también iba conociendo el verdadero rostro del odio, del desamor, de la rabia, la frialdad, y eso la iba alejando de la creencia de amor eterno y real.
Cuando ya era una mujer joven, no le daba oportunidad al amor por miedo a caer en ese círculo en el que creció; eso que la rodeó solo hizo que fuera una mujer desconfiada e incrédula. En su edad adulta, cuando la soledad la embargó, dio una oportunidad más a ese amor que la hiciera feliz y que pudiera creer en el ser humano de nuevo como cuando era niña.
Pero su realidad fue peor que su infancia porque cuando abrió su corazón al amor de nuevo, fue lo peor que pudo hacer.
De nuevo, desamor, odio, rabia, un profundo desprecio por sus sentimientos y eso la colapsó; ahora no tiene corazón para todos, ni alma, solo la consume una gran sequía y ese desierto que un día la acompañó volvió a ser su hábitat natural. Está sola, llora a veces, cada vez menos, ríe mas, confía en pocos y cree que en un lugar muy bello la esperan sus dos únicos amores.
La soledad con el tiempo no es una carga, es una necesidad que nos lleva el ser humano que nos rodea y eso es bueno; no se cree más que en Dios, en sí mismos y en que un día el alma descansará de la rabia, el odio, la falta de amor y el desprecio del que está hecho el ser humano.
Ya hay paz, calma y Dante.
*
Dolores Luna.
Anna.
🥀
Julio 29. 2026.
*