Noche profunda, veneno en la vena,
la ira devora la última locura,
se rompe el juicio, truena la cadena,
y el odio engendra la noche más dura.
Ceguera absurda, feroz desvarío,
el despecho clava su cruel estaca,
el desinterés nos dejó este frío,
mientras la desesperación nos machaca.
Grité a la nada, quemé la estructura,
guiado por sombras, dándote la espalda,
hoy me ahogo solo en esta amargura
con la razón hecho ceniza y gualda.
Y el golpe final, el más doloroso,
hallar tu mirada limpia y helada,
aquel resguardo que fue tan hermoso
hoy me observa como a una sombra extraña.
Tu fe murió en la tormenta oscura,
no hay llanto que limpie el daño cometido,
perdida la luz, perdida la cordura,
solo me queda este amor deshecho y vencido.