Juez

La suicida

La suicida

Se tiró sobre el agua. Desnuda. Había árboles
y un estanque de flores. Apenas en silencio
los fluxibles rigores de la fortuita noche,
la insospechable enagua de la luna inmortal.

La sucedían formas inconexas. Ninguna
raíz anochecida se atrevía a tocarla.
Sobre la fresca herida el corazón dormido.
Y el corazón sin normas sobre la fresca herida.

El cuerpo alucinado vuelto a la sola luz.
Un símbolo sin nombre como promesa rota
de aquella doble cara del ángel y el demonio.

La arroparon de lado por la mañana. Nadie
supo quién era. Un hombre me pidió que la viera
y la identificara... ¡era Melancolía!