Ana K. Rueda

Una Noche Serena

Me encontraba yo viendo la noche serena de un miércoles tranquilo.

De repente vi que era tan hermosa pero misteriosa como un océano profundo,

tan fría como hielo pero al mismo tiempo tan deslumbrante como un zafiro.

La luna se había escondido entre las pocas nubes que se observaban,

con destellos tan diminutos que tenía que centrar mi atención en ellos.

Me quedé allí casi por 10 minutos,

contemplando la majestuosa noche

que muchas veces me ha hecho sentir algo acogedor,

cálido, casi inexplicable.