Me quedo con el trozo de sombra que resguardo, con la raíz profunda que nadie ve florecer, ese rincón sagrado donde habita mi ser y que sostengo solo, en un silencio largo.
Es mío este latido que no calza en el mundo, un mar que no comprende quien mira desde afuera; me quedo con mi fuego, con mi propia manera de amar la inmensidad de este sentir profundo.