Atrapadas sin poder hacer nada,
por detrás su sombra quieta
como su mirar al suelo bofetada
reza a sus dioses a la que está sujeta.
¿Quién las cree?. Son sangre de cerdo
y a la vez pintadas de opacidad
pues no la ve ni el Recuerdo:
desconocida y esfumada en la ciudad.
La misoginia musulmana entera
y verdadera es un sueño pesadilla
en fémina tan inocente que ya quimera
es su libertad... ni vuela... ni brilla.
Agosto 2.026 NACHO REY