Una hoja en blanco.
¿Blanco? Más bien un beige deslavado, como su blusa de uniforme.
Ella.
Recuerdo sus ojos, un oscuro profundo que se perdía en el aula, entre las pizarras y el cabello de sus amigas.
Entre sí. Entre no.
Un querer y una sonrisa, como aquellos juegos infantiles que terminan en llanto y reconciliación.
Instituto.
El timbre marcaba el ritmo de nuestros días, los exámenes sorpresa, el olor a libros del gobierno y la libertad aún controlada por los padres.
Carrera.
Tres años, un montón de pruebas, prácticas pre-profesionales, y la certeza de que el amor es una ecuación sin solución.
Ella.
De nuevo ella. Pero esta vez, con una curva en la cintura que no es mía.
Embarazada.
La palabra pesa. Más que cualquier libro de química.
Otro.
Un nombre que no conozco, pero que ya ocupa todo el espacio en blanco de mi hoja.
Hoja en blanco.
Sí, blanco. Un blanco desolador, como la sonrisa de este tonto payaso triste.
Poemario: Versos de lo adecuado