Cuervo Blanco

Es fácil recordarte

Iba caminando una noche junto a un amigo. Un momento extraño, pues no tengo amigos.

La noche continuaba sin pedir permiso porque, no nos necesita. 

Complementando la historia, a lo lejos, veíamos como se acercaba la silueta de una persona que no conocíamos. Como en muchas ocasiones, la ignoramos, hasta que nos dirigió la palabra: lindo amigo, escuchamos. Desconcertados, nos miramos y me animé a responder el cumplido: él te lo agradece, te lo diría él si pudiera. Surgió una conexión extraña en el preciso momento que miré a sus ojos, noté que ella también lo hacía.

Por obras del destino, esta silueta tenía nombre y una sonrisa, que me resultó particular; quizás porque no suelo ver sonrisas. En un descuido, estábamos los tres caminando en la misma dirección, nos pidió que cambiemos la ruta, para que el destino cumpla su capricho. En otras ocasiones me hubiera sentido angustiado, viendo el reloj y pensando en qué haré cuando termine esto, sin embargo, movió algo en mí; encendió mi luz. Esto hizo que me sienta vivo otra vez, esta silueta extraña se interesó, en conocer a mi amigo y a mí. Confieso que bajé la guardía, y obedecí a quien haya decidido que esto debía pasar.

Mientras caminamos, nos conocíamos más, la sensación era que nos reencontramos, que tomamos caminos distintos en algún momento y que debíamos reunirnos justo ahí. Le estaba esperando, todo me llevó a estar en ese momento.

No puedo describir el alivio que me generaba ver a la silueta sonreír. Te recuerdo. No eres fácil de olvidar. 

Aquella noche se terminó, después de un paseo y una charla. Me enseñaste cómo ir, no suelo ser bueno para entender mensajes que disfrazan otra intención, pero me enseñaste el camino.

Quisiera regresar a ese lugar todos los días. Esperarte, esta vez sin mi amigo, con un par de cigarros y preguntarte más y más para saber quién era esa silueta.