Porque la familia es más grande de lo que parece:
tú bien pudieras ser mi hermano.
Porque la lealtad y la confianza sostienen toda amistad:
tú bien pudieras ser mi mejor amigo.
Porque el amor trasciende a la persona, la religión y el sexo;
es eterno y es el motor que nos impulsa a seguir adelante, más allá de lo que parece.
Tanto tú como yo podemos habitarlo, disfrutarlo y darlo.
Y así, entre tú y yo, como el agua del río que fluye siguiendo su curso...
ni tú ni yo podemos cambiarlo.