Confidente999

Barbacoa

Hoy amaneció radiante.

Fueron los primeros rayos

los que me han despertado,

el fulgor de un nuevo día

que a través de la ventana

se adelantó al despertador

con ese tenue haz de luz

que se filtra por la ventana;

tímido, al principio,

como queriendo no molestar,

pero intensificando su presencia

progresivamente para avisarme:

\'estoy aquí. Otra vez. Como siempre.

Fiel. Como siempre\'.

 

Un coro de pajarillos

se intuía allí fuera.

Al acercarme al alféizar

se hizo más patente. Sonreí.

Se acicalaban el plumaje

en ese ritual de abluciones aleteadas

aprovechando las plantas

aún húmedas ¿del alba?

No, no...no era el alba...

Entonces recordé que había programado

los aspersores del jardín para las 06:20.

Miré el reloj: las 07:14.

 

Cómo había echado de menos

esa sinfonía matutina

de los pájaros y ese olor

a hierba y a flores.

 

De nuevo en casa -pensé-.

 

Algo brillaba sobre la mesa

junto a la barbacoa.

Agucé la vista: botellines;

botellines verdes, marrones y negros.

Joder, mis amigos no recogieron

los restos de las cervezas de anoche...

¿Mis amigos?...¿Y yo?

No recordaba muy bien...

 

Atrás, a mi espalda, algo sonó.

Me giré y una apareció una figura

femenina con semblante muy despejado

para ser la hora que era. Su voz era clara:

 

-Buenos días. Me he permitido preparar el desayuno. Está en la cocina.

 

-¿Te has quedado a dormir?

 

-¿Cómo? ¿No te acuerdas? Por cierto, ¿sabes? -dijo con una carcajada que no supe digerir, esperando haberle oído decir algo como \'no sé dónde guardas la cafetera y he preparado un té o \'no sabía si los huevos te gustan poco hechos\' o \'la bolsa de los croissants es un nido de mohos verdes\'... 

En vez de seguir escrutando opciones absurdas, contesté con un simple

-¿Sí?

 

-Roncas.