Quedó en la sombra el grito de la rosa
la flor marchita al borde del camino,
marcando el huero y trágico destino
de una promesa tierna y silenciosa.
Bebí la luz que se tornó brumosa,
buscando el puerto que negó el marino,
y hallé en el pecho el frío desatino
de una ilusión que se durmió quejosa.
El tiempo borra el eco de tu viento,
mientras el alma, terca en su desvelo,
carga la cruz de un beso sentenciado.
No encuentro alivio para mi lamento:
lloro el pecado que rasgó mi cielo,
el triste rastro de un querer frustrado.