El desalmado

ATRÁS QUEDÓ LA NOCHE

El amor sus caricias va olvidando,

se desplaza en un tranquilo devenir,

y con paciencia va desenterrando

los recelos que quedaron por decir.

 

En medio de mis huesos ha habitado

cuan huésped que prefiere andar sin ruido,

y oculta el secreto reservado

que a viva voz jamás he transmitido.

 

Ya no quema su fuego ni me muerde;

es la brisa que habita en el ambiente,

y mi memoria lenta ya no pierde

la costumbre de hallarlo tan presente.

 

Acepto ser un mar de fondo quieto,

una noche despojada de estrellas,

que al olvido encadena  en lo secreto

para pisar mis ruinas con sus huellas.

 

Pero al hollar la piedra del camino,

el olvido no trae la sombra dura;

es la fuerza brillante del destino,

la gracia de una nueva hermosura.

 

Entre las grietas de mi antiguo muro

brota sin prisa la semilla verde;

ya no le temo al horizonte oscuro,

pues nada del amor hoy me sorprende.

 

Ya no soy el naufragio ni el quebranto,

soy el cimiento firme que se eleva;

atrás quedó la noche con su llanto

y en mi pecho un feliz sol se renueva.