El Corrido de Juan
Juan era un tipo bien macho,
de esos que inspiran respeto,
cargaba un arma en la cintura
y en la cantina era un trueno.
Con una mirada brava
se tomaba hasta los floreros.
—¡Sírvame otra, cantinero!
—¡Juan, ya llevas demasiado!
—¡A mí no me tumba el trago,
yo nací pa\' estar borracho!
Y entre tequila y tequila
terminó bien desmayado.
Ay, Juan, Juan, Juan,
qué manera de beber,
mucho presumir de macho
y no poder ni sostenerse en pie.
La pistola en la cintura
y el juicio quién sabe dónde fue.
Despertó al día siguiente
sin sombrero y sin cartera,
con el pantalón al suelo
y abrazado a una maceta.
Miró al cantinero y dijo:
—¿Qué pasó aquí, compañero?
El cantinero le responde:
—No pasó nada, Juanito,
pero escucha este consejo
que te dejo por escrito:
“Borracho que se duerme,
culo sin dueño, hermanito.”
Desde entonces Juan ya sabe
cuándo debe detenerse:
porque el hombre puede ser macho,
pero también puede perderse.
Y una cosa es tomar tequila
y otra cosa es no acordarse.