JUSTO ALDÚ

ELOGIO AL IRÓNICO

Qué sabio es quien se ríe de la gente,
qué lúcido al juzgar la vida ajena;
reparte su sarcasmo como arena
y dicta su sentencia, complaciente.

Se cree filósofo, juez, vidente,
convierte cada charla en una escena;
si alguien lo contradice, ¡qué condena!,
pues toda discrepancia es insolente.

Su lengua es un bisturí despiadado,
con otros corta siempre sin medida;
mas si le toca el turno al condenado,

se vuelve delicado de repente,
reclama comprensión toda su vida,
¡llama falta de humor al que lo enfrente!

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