Otra tarde de lunes,
mis memorias, al sosiego inmunes,
pretendían claudicar
ante el asedio de una ausencia
que se afianzó en mi pesar
y las hundió en su dolencia.
Ante la escasez de lucidez,
la pregunta surgió en mi aislamiento:
«¿Por qué soy víctima del cuarto,
si aquí me asfixia el viento?».
Un pétalo de alhelí
esbozó su respuesta en la ventana,
ofreciendo el augurio inminente
de una noche sin mañana.
Una respuesta distante
fue el susurro quimérico de aquella voz,
pidiéndome que me quedara ayer,
perdiendo un presente feroz.
Otro lunes me pierdo,
escuchando voces de tu recuerdo
que me pretenden ahogar
con esa humedad que provoca,
en mis luceros tristes, un mar
por extrañar tu boca.
La gente de alrededor,
cuyos rostros no alcanzo a enfocar,
se presenta como fantasmas,
atormentando nuestro hogar.
Aquel frasco de cristal
que guardaba tu fragancia de alhelí,
aunque ya no conserva tu olor,
no me deja sacarte de allí.
Te busco aquí dentro,
en la calle, en la gente, en una canción,
y sin remedio solo te encuentro
en lo recóndito de mi corazón.
Lunes, hay otro más
donde el silencio me grita que no estás,
donde me congelo solo.
A pesar de las personas de aquí,
soy una pieza inerte en el polo,
soy de hielo un maniquí.
En el recoveco de mi soledad,
se marchitó la esperanza desde que salí
a entregar el amor que no recibiste,
adornado con flores de alhelí.