Supo ser sombra y refugio,
atardeceres recibía,
amores y juegos,
con los brazos abiertos.
El viento giró sin aviso
con una mirada fría,
sin piedad a su paso:
ramas y nidos desiertos.
Firme en sus raíces,
la vida renacía,
de verde volvió a teñirse:
de tallos y fronda cubiertos.