Robotín

Oda a mis zapatos nuevos

Esto no es un poema materialista

aunque el título lleve a engaño.

Mis zapatos nuevos no son de charol

ni de piel de caimán.

Tampoco son las zapatillas de moda

con suela de fibra de nube

para correr más que el tiempo.

Hoy presumo de mis nuevos

zapatos de seguridad para el trabajo,

porque una faena bien ejecutada

empieza por unos zapatos seguros,

como la fuerza productiva se erige

sobre los cimientos de la comodidad.

Me quedan con la holgura justa

para no ir apretado en el horario,

y cuando suena el despertador

ellos ya se han desperezado,

planificando los pasos a dar

en cada larga jornada.

Gracias a sus punteras reforzadas,

camino con la tranquilidad

de que un mal día de trabajo

no terminará aplastándome los dedos.

Y qué decir de su suela antideslizante,

por si a algún compañero se le cae

una cáscara de plátano en el tajo.

Mis zapatos nuevos no llevan

la firma de un diseñador italiano,

pero cuentan con la robustez

que garantiza un trabajo bien hecho.

Son fieles compañeros de fatigas,

guardianes de mis rondas perimetrales,

testigos de gélidas madrugadas

y lugartenientes de mis fatigas.

Tampoco vienen a presumir ellos,

vengo yo a darles las gracias:

porque detrás de cada hora trabajada,

de cada esfuerzo con determinación,

hay unos pies que sostienen

la voluntad y la entrega,

y tanto más grande es la fiabilidad

de un trabajador abnegado

cuanto más reconfortante es su pisada.