Un pedacito de niñez
¡Cómo no retozar en un atardecer maravilloso como este,
sintiendo el sopor que presagia la tormenta!
Recostada así, sin casi hacer nada...
nada más que contemplar
las formas mudables del firmamento.
¡Cómo no deleitarme con las caprichosas nubes
que, inocentes, juegan a escribir cuentos
en mi imaginación!
Si con solo observarlas
mi mente vuela,
inventando conejos, árboles parlantes
y gigantes contando cuentos.
¡Cómo no sonreír de forma indiscreta
y, a la vez, pícara,
si al animarme a captar esa imagen en una foto
descubro que sí,
que realmente estuvieron allí!
En ese instante fugaz,
los duendes de mis sueños
jugando, divertidos, al vigi-ladrón
con el anciano gigante.
¿Cómo no hacerlos partícipes a ustedes
de tan bello atardecer,
donde, por unos segundos,
la sabia naturaleza me regaló
un pedacito de niñez?
¡Cómo no hacerlo!