En la quietud de la tarde
tu presencia es refugio,
y todo el ruido del mundo
se apaga cuando estamos así.
Es tan bello cuando posas tu cabeza sobre mí,
y acaricio tu pelo
como si entre mis dedos tejiera
una calma secreta,
un lenguaje que solo entienden
nuestras manos y
el tiempo se detine..
El amor se vuelve sencillo,
suave, lento,
cuando tu respiración se mezcla
con la mía
y el universo cabe en un beso.
En ese instante,
no existen dudas ni miedos:
solo el murmullo de tu risa
y el vaivén de tus sueños
reposando sobre mi pecho.
Eso es cafuné:
la ternura hecha gesto,
la paz de saberte cerca,
la promesa de que,
mientras pueda acariciar tu pelo,
todo estará bien.