José Luis Barrientos León

Testimonio de parte

No vengo a clausurar los hospitales

ni a recitar la salmodia aburrida

de los que coleccionan cicatrices.

Olvídate del rezo clandestino

si la luz de los templos se ha apagado.

 

No me verás la máscara puesta.

Ese disfraz de naipes,

ese truco de manos para los desvalidos,

no combina con mis ojos.

 

Hablo más bien de la factura exacta

que dejó el golpe seco sobre el rostro,

de las jornadas negras

en que fuimos la cifra del olvido,

un cero a la izquierda de la historia.

 

Pero el barro respira,

Toca ponerse en pie,

limpiar el polvo,

andar sin la nostalgia del espejo.

 

Estar vivo, entiéndelo,

no es un asunto de paciencia.

Es este asalto urgente,

este minuto terco que nos queda

No hay otra eternidad que este precario

oficio de seguir respirando.