Fui escribiendo tu nombre en las veredas,
entre mis pasos tu piel fue como un presagio,
te celebré con cataratas de caricias,
encendiendo tu mirada, salvación, misterio, canto, fuente.
Me sumergí en tu presencia cristalina,
en el temblor arrasado por jaurías luminosas,
tu risa me sembró con sus semillas,
haciendo florecer aves y peces.
Yo me hice un hermano de la lagrima,
un mendigo en los andenes de tu tiempo,
embebiendo la frente ambiciosa y vacía,
mientras tú te encendías con colores y lunas.
En una constelación clamorosa y profunda,
a donde crecen raíces y esperanzas,
Yo me hice nido a donde la canción habita,
como una tarde bautizada con tu nombre