Hay voces que se acobardan
en los espacios cerrados del corazón,
flotan en los arenales de planetas extintos
de oxidadas bujías de automóviles
ancladas en los talleres
de los siglos perdidos en el espanto.
Allí reposa
la muerte de los aceites densos,
de los fierros gastados
y las herramientas ingratas de un adiós.