Hay voces que se acobardan
en los espacios acorazados del corazón,
flotan en los márgenes de planetas extintos
y bujías que gimen expectantes de luz
en los talleres ocultos de los siglos.
Allí reposa
la muerte de los aceites densos,
de los fierros gastados
y las herramientas
que nunca dicen adiós.
Son los antiguos seres que llegaron a mi poesía
con mensajes que mi mente aún no codifica
afiebrada por los bronces
que se convirtieron en tiros de escopeta
huyendo de los verbos explosivos
que demolió la porfiada memoria.