El escudo de la roja
ya luce con dos estrellas,
quedarán como las huellas
de una pasión que acongoja.
El juego del tiquitaca
y el afán de posesión
nos han dado la ilusión
por la que España destaca.
Ese grupo que enamora
con la magia de su toque
conforma ese fuerte bloque
que la hace ganadora.
Que orgullo de selección,
que raza de jugadores,
sus intrínsecos valores
son dignos de esta nación.
La nueva cita mundial
llegará en el dos mil treinta,
yo cerca de los ochenta
quiero ver esa final.
Classman