Gabriel Aranda

(...)

Blanca porcelana.

Arcilla albar.

Caolín,

cuarzo

y

feldespato

emanan llamas

una tarde de verano.

 

Arábicos labios

interpretan

arabescos y oníricos

goces 

en excelsos teatros

donde

el Negro como la Nada

el Todo alcanza.

 

Poso perpetuo queda,

en antiguas plumas

de memorias ancianas

           y

sepultadas caminan,

bajo el techo

de infinitas PALABRAS...

 

 

            La taza de café.