El espejo engañador
Dice Manel que mis versos le dan pena.
Tiene razón: a mí también me da pena mi cara
cuando me levanto a las seis de la mañana
y el espejo me devuelve el rostro de un tío abuelo
que murió en 1920 sin pagar sus deudas.
—¿Qué miras? —le digo al reflejo.
—Busco a la poeta —me contesta la peinilla.
Pero no hay poeta:
solo hay una mujer con pelo de paja
buscando el calcetín derecho
que el gato se llevó como trofeo de guerra.
El izquierdo sigue conmigo.
Alguien en esta casa tenía que serme fiel.
Hoy no voy a sufrir por el destino del mundo;
bastante trabajo tengo
convenciendo a la cafetera
de que no me escupa el primer sorbo.
Autor
© Nelly Cevallos-Liora
1 de septiembre al año 2026