El acervo del poema y la poesía
es la herencia que el tiempo ha guardado:
cada verso que un día alguien escribió,
cada verdad que un alma pronunció.
Es riqueza acumulada, tesoro de siglos,
lo que grandes poetas nos legaron:
palabras que no mueren, luz que no se apaga,
y un caudal infinito que todos compartimos.
De ese acervo bebe el poeta cada día,
crece sobre lo que otros construyeron antes;
su voz es nueva… pero su canto es antiguo…
y en cada palabra… hay ecos de mil voces.
Y entonces… la palabra del poeta se hace influencia:
transforma quien la lee, quien la escucha, quien la siente.
No se queda en el papel: pasa al corazón…
lo cambia… lo eleva… lo deja distinto a como lo encontró.
Es semilla que cae en tierra fértil y florece,
es fuego que se enciende y se transmite de mano en mano;
la palabra del poeta… cuando nace de verdad…
no se limita a decir… cambia la forma de ver el mundo.
Así se completa el ciclo:
del acervo nace la voz… y la voz se vuelve nuevo acervo…
lo que recibimos… lo entregamos multiplicado…
y la palabra… eterna… sin detenerse… avanza… iluminando… transformando… siempre.
JORGE MONCADA