Recuerdo tan bien lo que nunca me dijiste.
En la noche había quedado una ventana despierta
en algún edificio en alguna calle,
como si alguien pudiera esperarnos todavía.
La ventana se apagó en algún momento.
No vimos cuándo.
Tampoco vimos cuándo empezamos a irnos.
Estaban los ojos pero no hubo una mirada.
Nadie sabe cuándo es la última vez de las cosas.
Faltó una palabra, un lugar donde decirla,
y al fin quien la escuchara.
Después no hubo después.