Quinteros Fabian

NO FUE LOCURA, FUE AMOR

          NO FUE LOCURA, FUE AMOR

  Me dijiste que no fue locura, que fue compañerismo, que cuando me tenías cerca estábamos tranquilos, porque simplemente nos teníamos.
  Y quizás ahí estaba la verdad, en esas pequeñas cosas que parecían tan normales:
       Tenerte cerca, compartir los días, las horas, los silencios, las risas y hasta aquellas discusiones que después terminaban en una mirada.
  Veinticuatro horas, siete días a la semana, y aunque el mundo afuera pudiera ser un caos, nosotros teníamos algo:
        Tu presencia junto a la mía. 
  Hoy la distancia cambió las reglas, nos robó los abrazos, los besos inesperados, esa costumbre hermosa de saber que estabas ahí.
   Y entonces buscamos palabras, mensajes a cualquier hora, una conversación que nos acerque, un “¿Cómo estás?” que en realidad significa:
           “Te extraño”.
  Porque cuando el amor existe, la distancia no lo desaparece; solamente nos obliga a encontrar otras maneras de sentirnos cerca.
  Y me causa una sonrisa cuando hablás de aquel tatuaje, de que quizá ese día hubiera sido capaz de llevar tu nombre en mi piel en lugar de una fecha.
  Tal vez estabas en lo cierto, quizás estaba flojito ese día, pero hay algo que nunca estuvo débil:
          Lo que sentía por vos.
  Porque una fecha puede marcar un momento, pero un nombre puede quedarse para siempre.
   Y si alguna vez dudamos de lo que fuimos, recordemos aquellas horas en las que no necesitábamos decir demasiado.
   Vos estabas acá, yo estaba con vos, y eso alcanzaba.
 No fue locura, no fue solamente costumbre, no fue simplemente compañerismo.
  Fue ese amor silencioso que se construye compartiendo la vida, ese que aprende a extrañar cuando llega la distancia, ese que todavía busca un mensaje para sentir un poquito de hogar.
 Porque quizás hoy no podemos tenernos como antes, pero mientras sigamos buscándonos entre palabras, mientras un mensaje tuyo todavía consiga arrancarme una sonrisa, mientras mi corazón siga queriendo encontrarte, yo voy a creer
que aquello que vivimos
no fue una locura.
   Fue amor, y  quizás, muy en el fondo, todavía lo sea.