La miel que brota de los labios
está hecha de polvo.
Es un cadáver que descansa en la oreja,
o en la mirada sorda,
como la habitación marchita sin tu voz
Mi piel la respira y se envenena,
mientras las manos agonizan,
presencias negadas
que habitan el abismo del recuerdo;
ajenas a la luz.
No quiero la miel que no me endulza,
que se niega a mi tacto
que no hace florecer arcoíris en mis sienes
si ya no existe el pacto
que la hacía carne y luz.
El verbo no es verbo sin sus dientes;
tan solo es néctar.
Yo quiero beber y encontrar los latidos
que endulcen
y se hagan semilla en el centro de mi Edén.
@Mrey. Cuzco 31.08.26