Esa hermana brava,
le pedía a su madre
todos los días… sin falta,
— Mamá, lleva a Emilia al
manicomio… no está sana.
Aquellas palabras duras,
siempre fueron un problema,
pero no veían la impotencia
que se escondía detrás, la rabia
solo salía… porque el miedo no cedía.
— No la llevaremos a ese
lugar. Había dicho la mamá,
aunque sabía que Emilia no
estaba cooperando, sanarla
no iba a ser fácil.
— Estás siendo cobarde, mamá.
contesto aquella hermana brava,
le miraban con ojos flojos, no
entendían qué quería decir, Emilia
no era mala, era enferma… y no lo veía.