Busco un incendio perdido
en los bolsillos de mi abrigo.
Si lo encuentran no alcen la voz,
pues se asusta fácilmente.
Es a la vista inofensivo
y pequeño como un ratón,
mas hay oculto en su temblor
un secreto iridiscente.
Lo necesito urgentemente,
pues a él confié el timón
de mi corazón impaciente,
de mi mente y mi razón.