Bastaría con verme al espejo
para notar lo que está mal en mí:
las ojeras sin sentido
detrás de la mirada perdida.
Me avergüenza encontrar
mis manos vacías
y el tiempo desangrado
en pausas eternas y esperas desconcertantes.
Pero no sería justo
llamarle tiempo perdido
a los amores fallidos
donde cada desvelo cobró sentido.
Porque en días de soledad y melancolía
son ellos los que alimentan
de desahogo y tristeza
los versos que escribo,
las canciones que canto.
Qué sencillo hubiera sido
seguir la rutina,
ignorar las pesadillas,
no cuestionar el camino.
Qué sencillo hubiera sido
aprender a decir te quiero
sin el miedo irracional
a no ser correspondido.
Bastaría con verme en el espejo
para notar que ya nada es igual:
la barriga grande,
el cabello ralo.