Cuando cada letra es impulsada por el latido del corazón, fruto de semillas de un pensamiento trabajado, limpio y sosegado,
o nace entre quien escribe entre sombras, oscuridad y niebla, cuando las desdichas tocan la fibra de la lucidez...
bajo el manto de una luz que antes no estaba.
Desde cada neurona, cada célula y cada átomo, hasta cada palabra y cada verso,
entre letra y letra, caben tantas reflexiones como costuras del alma, cultivada en su profundidad y contenido.
Y cuando resuenan como eco en quien las lee, viéndose en ellas, o en parte, reflejado o reflejada, éstas ya cumplen su función:
fueron escritas para abrir camino, para seguir sumando en un mundo de incongruencias generalizadas,
mientras por otros son analizadas, sentidas e interiorizadas.
Y así, entre letra y letra, palabra y verso, no hay camino sin recorrido…
como sin camino no hay meta ni llegada.