R. Sáez

Piedad

Piedad, por el hombre, la tierra, el oro,  

por los muertos que encubren el mundo, 

quienes sin voz ni fé quedaron mudos, 

y en eso perdieron más su rostro. 

 

Tomad mis ojos, la savia de noches 

y noches, que bebe el único sol, 

blanco y pequeño, cual ya difusor 

de la sangre y la muerte del hombre. 

 

Guardad mi corazón entre sus dedos,

con cada mano troceada de tierra, 

y en mi latido cuajo, un miedo 

 

una madera, una astilla pequeña 

se ensarta, sin olvido ni tiempo, 

en los ojos tristes, los años, la niebla.