¿Cómo se puede vivir una vida compasiva y moral, cuando uno es consciente de la sangre, el horror inherente a la vida, cuando encontramos la oscuridad no sólo en nuestra cultura, sino también dentro de uno mismo? Si hay una etapa en la que una persona se convierta de verdad en adulto, debe de ser cuanto capta la ironía en su desarrollo, y acepta la responsabilidad de una vida vivida en medio de esa paradoja. Hay que vivir en medio de la contradicción, porque una vez eliminada esta, la vida se vendría abajo. Simplemente no hay respuestas a algunas de las grandes y urgentes dudas. Continuamos viviendo con ellas, haciendo de nuestra vida una expresión diga del asomarse a la luz.