Ricardo Castillo.

A media luz

A media luz

Ah, quién,
si yo gritara o callara,
pudiera llevar
a la luz lo que queda.

Se van mis suspiros con el viento
más allá de este instante
que aún guarda mis anhelos
para no volver.

Solo quedan
restos de mí:

una mitad sin voluntad
empujada hacia arriba
por una fuerza
doblegada a tierra

como los planetas
en órbita
alrededor del Sol.

Y pensar que
solo importa
la carne yerma
que queda

ofrecida
a la danza del viento
al vuelo
arrojada al sol

y a los caminos
con faroles, buganvillas y ficus
que conducen
a la noche de playa

al galopar
de potros del sueño
en busca de su incensario

para arder
y humear en espiral
hasta consumirse

como papel en un caldero
como una ofrenda

para que la luz se pose
sobre esta sombra precursora.

Dejadme ver las estrellas
desde una orilla de mar

como vela encendida
que apenas ilumina

su envoltorio
de carne
de sangre

y descansen mis pupilas
en una paz suficiente

soñando en los hombres nuevos
que me sucederán

porque yo he fracasado
irremediablemente.

Ricardo Castillo
De: La hora crepuscular, 2025
Imagen: George Frederic Watts y taller, Hope, 1886.