La tristeza me envuelve,
se apodera de mi ser.
Las noches me desgarran,
los días me estremecen,
y aunque quisiera alejarme de ella,
no puedo.
Me cautiva,
me aprisiona,
me lleva nuevamente hacia ti.
Todo...
todo por quererte.
El tiempo comienza a atormentarme,
se ha convertido en mi enemigo.
Pasa...
y tú te alejas de mis ojos.
Tal pareciera
que hasta el destino
se ha puesto en mi contra.
¡Ay!
Es que amarte
lo considero mi destino.
Y acaricio todavía
la absurda esperanza
de que algún día
tu vida sea mi vida.
Pero el tiempo no espera.
Y tú...
sigues alejándote.
Qué triste desconsuelo
cargar con un amor
que para ti nada significa.
Mi existencia
parece condenada
a esta espera interminable,
a saber
que mi querer es vano,
que mis sentimientos
no encuentran lugar en ti.
Quisiera olvidarte.
Una cosa es querer...
y otra muy distinta
poder hacerlo.
Porque mientras más intento
sacarte de mí,
más crece este amor,
como la espuma
que vuelve una y otra vez
sobre el mar.
Y te sigo amando.
Qué extraña condena
verte
y no poder tenerte.
Basta que me hables
para robarme el aliento.
Basta una mirada
para dejarme sin defensas,
perdida
en el laberinto de tus ojos.
Y ahí está mi tristeza...
en amarte tanto
y sentirme perdida
ante tu indiferencia.
Esperando,
especulando,
preguntándome
si algún día serás mío.
Mientras el olvido,
ese que tanto invoco,
se niega a venir.
Y casi puedo imaginarlo
riéndose de mí,
mirándome desde lejos,
dejándome sola
con aquello
que no puedo arrancar.
Porque quisiera olvidarte...
pero no puedo.
Y aunque quisiera dejar de amarte,
te sigo amando...
a pesar de mí.
NM de la Rosa
(México)
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