Ay, mi pobre corazón, tú tuviste la culpa,
de lanzarte sin miedo en brazos de la ilusión.
Con valentía soñaste, sin ver la oculta multa,
que el amor cobra a veces con cruel decepción.
Enamorarte fue fácil, como la brisa suave,
que acaricia la piel en un atardecer.
Pero el amor, caprichoso, a veces se vuelve grave,
y lo que era dulzura, se torna amargo beber.
Corazón, no te culpes por sentir tan profundo,
por abrir tus puertas al sentir más humano.
Aunque ahora te duela, recuerda que en este mundo,
cada herida de amor, prepara para otro verano.
Sigue latiendo fuerte, no te rindas al dolor,
que cada experiencia te enseña una nueva canción.
Y aunque hoy sientas que fue un error,
mañana verás que fue una lección.
Autora : Dalia Abigail Martínez Salas