No siempre
me salen los versos que quiero.
La magia de mis dedos
se va debilitando,
como cuchillas con ácido y sangre,
me voy derritiendo
entre dioses
e ideas que pinto
en sueños y pesadillas.
El cielo
nunca se me hizo atractivo;
temer no es amar.
La religión
es buena solamente
cuando te das un tiro.
Yo no tengo tiempo
para girar mi cabeza
como un trompo.
Puedes decirme
ángel descarriado,
pero siempre camino derecho.