edgardo vilches

EL POETA QUE NUNCA APRENDIÓ A ESCRIBIR

Soy una pálida herramienta de un Dios

que me dejó tirado en una calle

consumida por la noche

desatando una imaginación feroz.

 

Quebrada mi anatomía provinciana

aún el mundo lame mis heridas

y seduce mi carne dormida

como una criatura envejecida por el sol.

 

Siento unos trenes que me invitan

a descorrer el velo de los versos del ayer

que duermen en mi memoria 

encantados por las palabras

que me ataron desde siempre

pero que nunca logré escribir.

 

Mi poesía está sujeta

a los inquebrantables rumores de la tarde

donde ácidos escritores

derraman su sangre sobre mi ventana

manchando los horizontes

donde se queman las miradas.

 

Vengo de las sombras del alfabeto

que clavó su silabario en mí

cuando sollozaba la adolescencia

que hoy sufro a la distancia.

 

Sin aliento evoco las taciturnas

miradas de los muertos

y en cada pupila anida el continente

donde nunca aprendí a escribir versos

y curtí como un ciego que imagina la luz

que no conocerá nunca.