Es un asno de Buridán,
parada en medio
de dos henos.
Algo en su cimiento
se opone, empieza
a sentir pero no quiere,
la compromete, ella,
ya forjada en la indecisión,
decide sin saberlo
porque siempre se decide,
y es que el dolor es grande
cuando se rechaza
una senda. En sueños,
la imagen de lo rechazado
se presenta, en pleno conticinio;
los ojos se abren
cual puertas de un castillo,
y el sueño se va, a otra parte.
Ella sabe, experiencia mediante,
que una mano, de quién
nadie sabe, le agarra sus riendas,
y la lleva por donde conviene.
Ella sigue así, hoy, y nada,
todavía, ha ocurrido
que la haga decidir.
Debe de ser un ángel.