Como un orgasmo sin semen en desierto de intenciones, pretendiendo que el manantial fluya sin agua.
Como una oruga encerrada en el caparazón de un caracol, creyendo que algún día sera mariposa.
Como uno roca perdida en la arena, que se imagina pez y océano, ante lo inevitable.
Por mucho que se crea o quiera, el final siempre es el mismo:
morir para descansar en paz, cuando lo que importa es vivir en paz.
Y así anda el mono, dentro de un laberinto que se llama eternidad,
buscando lo que desea, sabiendo que lo que tiene, y lo que es imposible de alcanzar.
Porque de mono viene el homo sapiens, y más allá del él...
homo consciente podrá llegar a ser.