Y si jamas existió
o si aquel nunca fui yo.
Otra gota entró en la grieta
y la roca se quebró.
Exprimido y reformado,
expulsado y desahuciado,
quedo solo, abatido,
ante un silencio aterrador.
Mil murmullos en mi pecho,
crecen, mutan, al acecho,
hacen pactos con mis miedos,
y acaso tienen razón.
No hay lugar a despedidas,
solo un cadáver al sol,
como un muñeco de huecos
que intenta bailar al son
de un compás sin pentagrama
y una canción desafinada,
por culpa de esas verdades,
hijas huérfanas de voz.
Y así siguen nuestros días,
reclusos de un adiós precoz;
presos de una mirada fría
que hace añicos el salón.
¿Resignarse a esta deriva,
a este eco de un recuerdo?
Mientras tanto yo te pierdo.
Y al hacerlo, ¿quién soy yo?