Allí estás tú, caricia y mordedura
del mundo imaginario donde habita,
junto al recuerdo de la flor marchita,
su penetrante aroma y hermosura.
Ese blanco de nieve esa figura,
toda sol en mis ojos, que me invita
a perseguir la llama que se agita
como un velo de seda, es atadura.
Pone en mis manos una caracola
sal en mis labios y en mis pies arena
de solitaria playa de desierto.
Siento el batir de la incansable ola,
como un pulso en la sien que me enajena,
eso me das: sosiego y desconcierto.