crisantemo

Amor, dolor

Allí estás tú, caricia y mordedura

del mundo imaginario donde habita,

junto al recuerdo de la flor marchita,

su penetrante aroma y hermosura.

 

Ese blanco de nieve esa figura,

toda sol en mis ojos, que me invita

a perseguir la llama que se agita

como un velo de seda, es atadura.

 

Pone en mis manos una caracola

sal en mis labios y en mis pies arena

de solitaria playa de desierto.

 

Siento el batir de la incansable ola,

como un pulso en la sien que me enajena,

eso me das: sosiego y desconcierto.