Cabalgo como amazona sin bridas
por el cosmos de tu cuerpo,
la dicha brota como torrente
de espuma,
como río sin rienda,
y un gemido
de trueno nos traspasa el pecho.
Bebo del cáliz de tu boca,
océano de miel, fuente de aroma.
Y bordas con suspiros
los lienzos de mi cama
cubriendo de nieve
mis deseos más ocultos
entre mi piel de luna
y mis manos de seda.
Deleitamos la ambrosía
y exhalamos suspiros
de pasión y arrebato
al penetrar la gruta
de mi honda fantasía.